
Este fin de semana nos hemos ido a la comarca de La Selva en busca de sonidos. Estamos preparando un proyecto fotográfico para la revista
Kireei sobre la música y los instrumentos.
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La luz ensanchaba y el perdigón llenaba el campo con su cántico ardiente y persuasivo.
De la parte del monte sonó una respuesta remota.
-¿Oye? El campo ya contesta.
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(Miguel Delibes,
El Hereje)
La aventura empezó con un recorrido por lagunas y bosques a la caza de la acústica natural y la huella sonora de la vegetación. El paisaje sonoro es tan amplio como la naturaleza que lo produce. Cada atmósfera tiene su propia coloración, reverberaciones, distancias y profundidades de campo. Aguas, viento, ecos, proximidades del horizonte...
Al atardecer fuimos a Anglès para encontrarnos con Domènec, Quim, Montserrat, Núria, Laura, David, Susanna, Elena, Àurea y Marina, la
Orchestra Fireluche, en un local de ensayo repleto de maletas y maletas y montañas y montañas de instrumentos. De juguete, reciclados, inverosímiles, curiosos... todos sirven para componer canciones. Nos dedicaron un pequeño concierto improvisado que nos llenó de alegría.
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Mon coeur qui bat
La vie en roge
la vie en rose.
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(Edith Piaf)
Aquí podéis escuchar el último disco de la Orchestra Fireluche,
D'un llonguet un pa de quilo.
En el próximo número de la
revista Kireei podréis ver las fotos.